Sé que decir que lo primero que me leo de Murakami es la trilogía de 1Q84, me deja en mal lugar, pero las cosas son como son (al menos en este mundo que creo habitar ;) Eso me ha dado la ventaja de leerme la obra sin tener prejuicios acerca de la escritura de este autor, y creo que la ausencia de expectativas ha sido totalmente positiva :)
Lo primero que nos llama la atención es la simetría de la obra, que va alternando las historias de Aomame y Tengo y que se enriquece en el tercer volumen con la entrada en la estructura del libro de Ushikawa, el repulsivo detective que es una cara más de la soledad de los personajes de Murakami. Y es ese desarrollo simétrico de las historias paralelas que terminan convergiendo lo que nos engancha, pues poco a poco unimos las piezas del mosaico y obtenemos una perspectiva global de las historias que confluyen en las últimas páginas.
Si tuviese que definir la trilogía de tintes orwellianos, la palabra sería "extraña". Cuando comencé a leer la obra, pensé que era una obra realista en la que se exploraban valores como la soledad, la búsqueda del amor, el problema de las sectas religiosas -como esa tan extraña a la que pertenece Aomame y que, curiosamente, es mayoritaria en nuestro país- o la deshumanización de nuestra sociedad. Pero, de pronto, la literatura se hace vida (con la curiosa historia que narra Fukaeri sobre la little people) y la realidad se desdobla en dos planos diferentes: 1984 y 1Q84, dos universos paralelos que se comunican a través de las escaleras de emergencia de una autopista colapsada.
Aquí el libro se vuelve mucho más filosófico (quizá sea deformación profesional ;), y nos hacemos preguntas con los personajes (¿Es real la realidad?); difuminamos las líneas entre el bien y el mal (¿es justo que Aomame mate a maltratadores de mujeres? ¿debe Tengo reescribir el libro de Fukaeri para convertirlo en una obra maestra?); sufrimos con los personajes deseando un feliz desenlace y, sobre todo, disfrutamos de la poesía del lenguaje de Murakami, como la crisálida de aire, el pueblo de los gatos o el mariposario de la casa de los sauces.