Orson Scott Card retoma la historia del niño que derrotó a los insectores justo después del final de "El juego de Ender", cuando Locke y Demóstenes mantienen una encarnizada disputa sobre si el mayor arma de destrucción masiva jamás conocida debe regresar o no a la Tierra.
"Ender en el exilio" es la búsqueda de respuestas por parte de un niño que no comprende por qué las Reinas colmena se agruparon en un sólo planeta, facilitando de ese modo su destrucción. Es también la historia de un adolescente que escribirá sobre los insectores, condenándose a sí mismo a ser para siempre "Ender el xenocida". Es la historia de un Tercero que cargó sobre sus hombros la responsabilidad de un adulto, y que sólo desea recuperar lo que ya perdió para siempre: a sus padres. Es la historia de las primeras colonizaciones y de cómo Andrew Wiggin se verá obligado a cumplir con un nuevo objetivo, siempre ayudado por su fiel hermana Valentine.
Sin la sorpresa final del primer libro y con menos trasunto filosófico que las otras novelas de la saga de Ender, esta continuación nos permite disfrutar, sin más pretensiones que pasar un buen rato, de la ágil escritura de Scott Card, y no defrauda a l@s fan de Ender, pues llena el vacío dejado entre "El juego de Ender" y "La voz de los muertos".
Sobra la larguísima "Nota del autor" recogida al final del libro (en la que Scott Card muestra sus dotes de vendedor de feria), y aunque no es, ni de lejos, el mejor libro de la saga, es una buena lectura veraniega para los seguidores del niño Ender.
Un par de párrafos sacados directamente del libro como reflexión final:
"Yo veía a la gente. A los soldados que comandaba. Sabía lo que esos chicos podían hacer. Así que los colocaba en situaciones en que sus decisiones resultarían cruciales, les decía lo que quería que hiciesen y luego confiaba en que tomaran las decisiones necesarias para lograr mis objetivos"
"Sel insistió en que Kolmogorov apareciese en las monedas de menor valor: Porque es el rostro que verán más a menudo"